Sal de tu zona de confort y ponte en acción

dejando la zona de confortNuestro cerebro ama los patrones. Los utiliza para entrenar, aprender, mejorar y optimizar, pero cuando llega a ser un maestro en aquello que tanto repite, lo convierte en una rutina, en un hábito que nos retiene, junto a nuestros miedos,  en nuestra zona de confort. Ser consciente de este mecanismo tan simple de aprendizaje y de adquisición de hábitos es la base para poder poner en práctica tácticas para trabajar fuera de la zona de confort, donde realmente aprendemos, mejoramos y prosperamos.

Hablando con un compañero de squash sobre el tema me decía: “Al cuerpo hay que darle lo contrario de lo que te pide”. Dicho así, parece que te vas a estar autocastigando con actividades que no te apetecen o detestas, pero el mensaje queda con perspectiva bastante claro: Para salir de tu zona de confort voluntariamente necesitas seguir un plan de acción, normalmente en contra de lo que tus hábitos, costumbres y en definitiva, de lo que tu cuerpo te va a decir que “le apetece”.

La fuerza de voluntad es la chispa que puede dar el pistoletazo de salida a tu plan de acción. Las fuerzas que van en contra de la fuerza de voluntad son precisamente los hábitos y miedos que te mantienen en tu zona de confort. Son los “culpables” de que nos cueste a veces tanto ponerla en marcha. Pero, ¿Qué pasaría si pudiéramos añadir a esa fuerza de voluntad una motivación adicional? Algunas tácticas que puedes probar para conseguir esa motivación te las cuento a continuación:

Táctica 1: Lo peor lo primero.

Identifica cuál es esa tarea que tienes pendiente y que estás evitando comenzar y enfréntate de forma directa a ella. Es una de las ideas principales que Brian Tracy desarrolla en su libro “Tráguese ese sapo”: La clave para alcanzar altos niveles de rendimiento y productividad es desarrollar el hábito perdurable de encarar tu tarea principal como primera cosa cada mañana. El sapo es precisamente esa tarea que es tan fea que no quieres ni pensar en ella, pero sin embargo es importante que termines. Si consigues tragarte un sapo vivo, cualquier otra cosa te parecerá liviana.

Táctica 2: Divide y vencerás.

Un clásico aplicado a muchos ámbitos: Militar, político, empresarial, programación de ordenadores,… Si lo que te ata a tu zona de confort es algo que puedes separar en trozos más pequeños, adelante: Elige el trozo que puedas terminar ahora mismo y ponte en marcha.

Táctica 3: La regla de los 2 minutos.

Te puedo confirmar que esta táctica del método GTD (David Allen), que aplico desde hace tiempo, es de las que mejor me funciona. En su sencillez está su valor: Si tienes algo que hacer y podrías terminarlo en dos minutos o menos, HAZLO AHORA!

¿Por qué funciona? Según David Allen, cuesta más recordar esa tarea, apuntarla, hacerle un seguimiento y realizarla más tarde que hacerla en el momento que te la encuentras. Incorpórala a tus hábitos y empezarás a descubrir lo que significa “ser ejecutivo”.

Táctica 4: Ponte las deportivas.

No hay excusas si ya lo tienes todo a tu favor. Si das el primer paso y te preparas para empezar te va a costar más dar marcha atrás que terminar lo que ya has empezado. Cuando quiero salir a correr, sé que el primer paso para vencer la pereza inicial es vestirme y ponerme las deportivas. Si necesito escribir un documento o un artículo, creo un documento en blanco y escribo los títulos, las primeras ideas que vengan a mi mente,  cualquier cosa que dé lugar a un primer borrador. Desde ese punto,  aunque haya sido únicamente un primer paso, todo lo que puedo hacer es mejorar y terminar lo ya comenzado.

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¿Encuentras alguna de estas tácticas difícil de incorporar a tu vida? Si es así, seguro que te funcionarían.

Lo que ahora te puede sacar de tu zona de confort, mañana quizás sea lo que te haga mantenerte en ella. Por ello estoy convencido de que en el cambio reside el aprendizaje.

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