Cómo aumentar las oportunidades

oportunidad_llamandoExiste la creencia de que una vez que un tren pasa por tu puerta y no lo tomas, ya no vuelve a pasar nunca más. Que las oportunidades vienen una sola vez, y que hay que aprovechar ese momento o nunca volverás a disponer de él. Lo creas o no lo creas, hay un método para al menos aumentar el número de trenes que paren por tu estación.

¿Dónde están las oportunidades?

Quizás la pregunta no sea la más adecuada. ¿Cuándo dispones de las oportunidades? A primera vista puede parecer que las oportunidades son eventos aleatorios en los que el “factor suerte” o la casualidad juegan un papel importante, pero no lo son así. Las oportunidades están ocurriendo de forma continua, pero no somos conscientes de todas ellas. Lo que sí que podemos saber es que las oportunidades ocurren en el ahora, no en el ayer ni en el mañana.

“El ayer es historia. El mañana es un misterio. Sin embargo el hoy es un regalo, por eso se le llama presente.” (De la película Kung Fu Panda)

Efectivamente, el ahora es donde están los regalos, las oportunidades. Si quieres encontrarlos, vive el presente. Sé consciente de que es ahora cuando puedes actuar. No ayer ni mañana.

Oportunidades en el presente

¿Cómo ser más consciente de las oportunidades?

Si las oportunidades que ocurren en el ahora, en el presente, son infinitas, ¿Cómo podemos aumentar nuestro nivel de consciencia para detectarlas y al menos disponer de la opción de aprovecharlas? Te propongo tres pasos para conseguirlo:

1. Clarifica qué es lo que quieres conseguir y cuándo lo quieres conseguir.

¿Como vas a reconocer una oportunidad si no? Sólo sabiendo lo que quieres sabrás reconocer el camino que te llevará a conseguirlo. Sabrás reconocer la oportunidad que se te presente para hacerlo realidad.  Puedes no sólo escribir lo que quieres, sino hacerlo tan real como quieras en tu imaginación, con técnicas como la visualización. Lo puedes también dibujar o representar gráficamente como más te guste, o afirmarlo en voz alta todos los días con tal de que cada vez lo tengas más presente y puedas así afinar la puntería cuando la oportunidad aparezca. Si además le pones fecha a tu objetivo, tu mente creará su plan de proyecto para conseguirlo. De otra forma puede que lo que quieres se quede sólo en una buena intención. Las oportunidades aparecerán más frecuentemente y con más claridad cuanto más detalles lo que quieres.

2. Concéntrate en vivir el presente.

Si te preocupas porque las oportunidades no han llegado aún, desplazas tu atención y consciencia en forma de preocupación de nuevo hacia el futuro, donde las oportunidades no existen, por lo que seguirán sin llegar.  Si además comienzas a recordar las oportunidades que no aprovechaste en el pasado, volverás a ocultar el presente y sus regalos.

El estar presente requiere concentración y práctica, pero una vez que empieces a observar tus pensamientos y ser consciente de si están recordando el pasado o imaginando en el futuro, podrás vivir cada vez más el presente y observarás como las oportunidades comienzan a llegar.

3. Actúa.

¿Qué vas a hacer cuando la oportunidad se te presente? Solamente si clarificaste tu objetivo en el primer punto tendrás la certeza de qué hacer en ese momento. ¿Cuántas veces te has dicho: “Esto puede que sea una oportunidad” y no has sabido si aprovecharla o no? Sólo tú sabrás si lo que has identificado como oportunidad es el tren que te llevará a tu destino.

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3 Respuestas a Cómo aumentar las oportunidades

  1. Javier Gámbaro says:

    Comparto el siguiente artículo.
    Gracias

    EL SECRETO DE LAS OPORTUNIDADES

    NÉSTOR —Siempre me ha resultado incomprensible ese hecho tan frecuente de perder las oportunidades que a uno se le presentan en el curso de su vida. Según entiendo, las más de las veces debe ser por incapacidad para advertirlas a tiempo, o bien por ignorancia. Pero esta reflexión no me conforma gran cosa.
    OCTAVIO —Estimo que esto de las oportunidades es una cuestión de azar, pues generalmente las aprovecha quien más suerte tiene, a menos que se tope uno con ellas por casualidad y no las deje pasar.
    NÉSTOR —Yo no las atribuyo tanto al azar, aunque, por supuesto, en el ajetreo de la vida algo influye. Si a uno le proponen un negocio que ofrece, por ejemplo, buenas perspectivas, y por desconfianza sobre el mismo o por recelo de quien se lo propone no lo acepta y otro se embarca en él obteniendo un gran éxito, yo diría que en un caso es incapacidad y en el otro suerte para estimarlo malo o bueno. Pero si tengo entre manos un negocio que no prospera, sin darme cuenta que es por falta de mayor dedicación y de energías, desentendiéndome de él justo cuando iba a prosperar, habré perdido, por impaciencia y falta de visión, la oportunidad que favoreció al que se hizo cargo del mismo.

    OCTAVIO —En verdad, las oportunidades también suelen perderse por descuido, como cuando no se llega a tiempo para finiquitar una operación que pudo habernos beneficiado con largueza, o en los casos en que la oportunidad de restablecer la salud se ha perdido totalmente por habérsela descuidado demasiado.
    NÉSTOR —De cualquier modo, parece evidente que toda oportunidad deja de serlo desde el instante en que es desaprovechada, resultándome difícil comprender la rigidez con que se manifiesta: cuando se presenta, apenas si hay tiempo de advertirlo.
    PRECEPTOR —He seguido con atención el curso de vuestras reflexiones acerca de las oportunidades y, por lo que os voy a manifestar, podréis apreciar ambos si habéis acertado o no.
    La primera oportunidad y, por cierto, de lo más estimable, es la que el ser tiene al haber venido a este mundo, oportunidad que se extiende a todo el curso de su vida. Si él la aprovecha, cultivando la vida y enalteciéndola en una constante superación integral, se beneficiará, evidentemente, con esa gran oportunidad. Pero como son los más los casos en que se la pierde, el hombre suele servirse de pequeños fragmentos de esa gran oportunidad, aprovechándolos, cuando la ocasión se le presenta, para beneficiar una parte de su ser, generalmente la material o física, desechando otras mayores y más significativas, que podrían servirle para superar su parte moral y espiritual.
    Cuando el hombre se abandona a expensas del azar, es lógico que toda oportunidad que aproveche —rara, por cierto— obedezca a ese mismo factor: el azar. Pero cuando se propone escalar posiciones en la vida desarrollando el curso de una especialidad profesional, o cuando se esfuerza por mejorarse internamente educándose en el ejercicio de una cultura superior, y perfecciona, en franco y constante empeño, las prerrogativas de su inteligencia, aprovechará, sin duda, muchas oportunidades, por constituirse él mismo, de hecho, en agente directo de las mismas. Las oportunidades dejan entonces de ser tales para convertirse en el resultado lógico del esfuerzo realizado. Es el caso, entre otros, del estudiante universitario que tiene la oportunidad de recibirse y ejercer la profesión, y que luego, perfeccionándose, tiene una oportunidad más: la de ser llevado a la cátedra, y, sucesivamente, la de ser invitado, desde otros países, a pronunciar conferencias, dilucidar temas de su competencia, etc. Es el caso, también, de los que, habiéndose dedicado a un arte, a una ciencia o a una profesión, triunfan en ella por haber aprovechado los resultados de esa dedicación, en la que van implícitas la observación y la experiencia, y que, los demás, estiman como oportunidades que se les presentaron.
    El preparar el campo de las actividades para que las oportunidades surjan de las posibilidades que el mismo ser ha creado, está, pues, en el propio hombre; ellas se manifiestan, desde luego, cuando ha llegado el tiempo de recoger el fruto de su esfuerzo.
    Quienes desechan los estudios comunes, por ejemplo, jamás tendrán la oportunidad de saber lo que otros saben. Del mismo modo, quienes se encierran en sus dogmas pierden la oportunidad de conocer las grandes verdades que ofrece la Sabiduría Esencial a los que se aproximan a ella con el propósito de cultivar la alta ciencia que atesora, sin hallarse frenados por el prejuicio o por restricciones antinaturales.
    NÉSTOR —Os agradezco esta enseñanza extraordinaria que, inadvertidamente, ya estábamos practicando con excelentes resultados, siendo uno de ellos la oportunidad de escucharos personalmente, oportunidad que con todo gusto estamos aprovechando.

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