Productividad excelente: 2 tácticas extremas

Buscando los extremos La vida sabe cuándo ponernos a prueba para hacernos crecer. Es en los momentos en los que vives situaciones extremas cuando tu espíritu se hace un poco más fuerte y tu conciencia se eleva un nivel más. Reconocer estos momentos y saber cómo afrontarlos es una capacidad de la que no todo ser humano toma conciencia durante su vida.

Mi intención en este artículo es mostrar algunas tácticas que podemos aplicar para simular esas situaciones extremas para así entrenar la respuesta a esas situaciones, mejorando nuestra eficiencia a la vez.

Si la virtud está en el término medio, necesitas experimentar los extremos para averiguar cuál es su media.

Término medio Vs. mediocridad

La virtud, entendida como excelencia, no puede asociarse a un concepto de mitad, moderación en el sentido de mediocridad o de quedarnos a medias. Corremos el peligro de aplicar la definición solo al pie de la letra y caer en el conformismo de parar cuando todavía estamos a mitad de camino en vez de empujar en busca del límite con el objetivo de superarlo.

Radicalízate para conocer los extremos de tu productividad

Al igual que existen simuladores y maquetas que nos ayudan a entrenarnos en una realidad virtual antes de probar en real, existen tácticas que puedes utilizar para simular situaciones extremas que te ayuden a crecer y mejorar. Se trata de radicalizar únicamente algún aspecto de tu comportamiento o de tu entorno y observar cómo puede influir en tus capacidades.

Prueba a radicalizarte usando alguna de estas tácticas de productividad durante al menos dos semanas y observa qué cambios se producen en ti y/o en tu entorno.

1. El extremo hiperproductivo: Acorta el tiempo.

¿Qué ocurriría si tu jornada de trabajo se redujera a únicamente unas pocas horas? ¿Crees que aprovecharías más el tiempo e incrementarías tu productividad? Como si de un juego se tratara, prueba a autolimitarte tus horas de trabajo en una jornada normal. Dedica únicamente 2 horas a realizar todas las tareas que tengas previstas para un día, o para una determinada actividad. Proponte a ti mismo el reto de terminarla en un tiempo ridículamente corto.

Cuando el tiempo es escaso tu mente no podrá relajarse, aburrirse y hacer que te pongas a divagar en tareas no productivas. No sólo entrenarás una situación de estrés en la que el factor tiempo se encuentra limitado, sino que habrás dado un impulso a tu efectividad y concentración.

2. El extremo de la inacción:  Retrasa consciente e indefinidamente.

Identifica las tareas menos críticas que debas llevar a cabo y retrásalas conscientemente durante todo el tiempo que puedas, lo que significa que al menos sepas de forma periódica que la tarea está pendiente de realizar, pero que eliges postergarla.

Observa cómo tu intuición te ayuda a priorizar. Si una tarea es ciertamente crítica, tu subconsciente te enviará señales en forma de incomodidad e intranquilidad para que la pongas en la primera línea de tu lista. Por otro lado, muchas de las tareas que retrases conscientemente morirán por sí solas sin necesidad de realizar ninguna acción, demostrándote que nunca debieron ser ni siquiera planificadas. Habrás ahorrado además el tiempo que les hubieras dedicado.

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¿Qué otras formas radicales de experimentar los extremos para mejorar conoces?

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