No me pidas fijar objetivos cuando tengo fuegos que apagar

Cuando algo te funciona y crees que puede ser de utilidad a otras personas, lo compartes, o eso es al menos lo que hago yo mediante los posts de este blog o los talleres y seminarios que desarrollo. Sin embargo, incorporar consejos aún sabiendo que van a estar a nuestro favor requiere a veces cambiar drásticamente nuestros hábitos y creencias, y retar a nuestro saboteador interno.

Este post discurre por algunas de las causas que pueden sabotear nuestros planes a la hora de plantearnos nuestras metas vitales, e intenta desenmascarar a esa voz interna que nos impide cambiar, progresar y crecer.

Difícilmente consigues objetivos si no empiezas por fijar precisamente cuáles son. Si eres de las personas que además tiene los objetivos por escrito, perteneces a una minoría que conoce cuáles pueden ser las ventajas de tenerlos negro sobre blanco.

Distingue tu condicionamiento de tu conciencia

¿Qué es lo que nos impide ponernos manos a la obra, sentarnos y definir qué es lo que queremos, cuáles son nuestros sueños, nuestras metas, nuestros hitos clave en nuestra vida que no queremos dejar de visitar? La primera respuesta que te venga a tu mente para responder esta pregunta puede que busque una justificación, y responda más a tu propio condicionamiento que a lo que realmente eres. Vuelve a revisar mentalmente tu respuesta y pregúntate si esa es la respuesta fácil, la respuesta automática que te da tu mente para excusarte y tener razón. Puede que esa justificación sea en realidad la voz de otros, del paradigma de la sociedad en que vives, de tu educación o simplemente la respuesta del miedo a lo desconocido o lo incómodo.

El esfuerzo sin propósito no te traerá resultados

Encamina tus esfuerzos a elevar tu nivel de conciencia. Prince Pritchett lo explica mediante la siguiente metáfora: Una mosca entró en una habitación por una ventana abierta, pero ahora se encuentra atrapada, es capaz de ver el mundo exterior, donde quiere volver, pero cada vez que se dirige hacia él, choca con el cristal de la ventana. Sólo un par de metros más allá se encuentra la ventana abierta, pero la mosca insiste en golpear una y otra vez contra el cristal. Su energía va disminuyendo en cada golpe, hasta que cae rendida y sin fuerzas para continuar. Solo la falta de conciencia le impide ver que su objetivo lo tiene más cerca de lo que parece.

Tu cerebro se irá apagando

Lo que nos sugiere todo esto es que si puedes elegir, elegirás el camino a tu objetivo, pero en otras ocasiones tu mente te saboteará haciéndote creer que no hay elección, que el único camino es seguir tu condicionamiento y golpear el cristal una y otra vez. Y cuanto más lo golpees, más inconsciente será tu comportamiento.

Es más, si continúas actuando según tu condicionamiento, tus niveles de estrés se incrementarán creando un círculo vicioso. Investigadores recientemente han reportado en el Journal of Neuroscience que la interacción de las hormonas del estrés hidrocortisona y noradrenalina “apagan” la actividad de las áreas del cerebro encargadas del comportamiento basado en objetivos. Sin embargo, las áreas responsables del comportamiento dirigido por hábitos permanecían intactas.

Cuando estamos en “piloto automático”, en modo reactivo, encadenando una tarea con la siguiente, un hábito con otro, apagando fuegos, “en la lucha”, pero sin perspectiva de dónde está esa ventana abierta, las oportunidades permanecen ocultas, la suerte esquiva y los problemas recurrentes. Conciencia o condicionamiento. Tú eliges.

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